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martes, 27 de septiembre de 2011

MUJER, EMPRESA Y DERECHO 2012 - Informe del Banco Mundial

El Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés) acaban de publicar el Informe "Mujer, Empresa y el Derecho 2012: Removiendo Barreras para la Inclusión Económica", en el cual revelan que las mujeres aún enfrentan obstáculos legales para lograr una plena participación en la economía.

En este Informe, se da a conocer que aunque 36 economías redujeron las diferencias legales existentes entre hombres y mujeres, 103 de las 141 economías analizadas aún cuentan con disposiciones legales que diferencian sobre la base de género en, al menos, uno de los indicadores incluidos en el estudio.

El Informe tambien identifica 41 reformas legales adoptadas entre junio de 2009 y marzo de 2011 que, potencialmente, incrementan las oportunidades económicas para las mujeres.

Globalmente, las mujeres representan el 49.6 por ciento de la población, pero sólo conforman el 40.8 por ciento de la fuerza trabajadora en el sector formal. La explicación para esta brecha porcentual podría encontrarse en la diferencia en el trato legal que se les confiere a hombres y mujeres. En ese sentido, el informe revela que, aquellas economías con mayor número de diferencias legales en el trato a hombres y mujeres, en promedio, cuentan con menor participación femenina en la fuerza laboral.

El estudio analiza cómo las diferencias entre hombre y mujer mediante regulación o a través de instituciones, impactan los incentivos y capacidad de la mujer para acceder a un empleo o crear y administrar una empresa.

Mujer, Empresa y el Derecho evalúa objetivamente aquella legislación que diferencia sobre la base de género en un total de 141 economías alrededor del mundo, en las siguientes 6 áreas:
1) acceso a las instituciones,
2) uso de la propiedad,
3) acceso al empleo,
4) incentivos para el trabajo,
5) capacidad crediticia y
6) acceso a las cortes o al poder judicial.

Se puede revisar el estudio en el siguiente link

INFORME 2012

miércoles, 14 de septiembre de 2011

LA FELICIDAD NACIONAL BRUTA

En esta época en donde persisten las vorágines de crisis económica y financiera a nivel mundial y donde se oyen voces en que estos acontecimientos serán más continuos, es momento también para mirar qué es lo que se está haciendo bien en algunos países.
Un caso excelente se halla en los Himalayas, en el Reino de Buthan...
¿Por qué puede citarse este país?. Debido a que existe una política nacional que mira más allá del crecimiento económico y tal vez del Desarrollo Humano: la Felicidad Nacional Bruta.
En Buthan se promueve como política pública del logro de la "felicidad". Recientemente organizado por el gobierno del país, y con la participación de economistas como Jeffrey Sachs y otros líderes del pensamiento moderno, como Peter Singer, se llevó a cabo una conferencia internacional de varios días sobre "desarrollo económico y la felicidad".

Aquí transcribimos un artículo publicado en Project Syndicate de Peter Singer sobre esta innovadora e interesante esfuerzo nacional en pos de la "felicidad", que complementa el artículo sobre la misma temática que escribió Jeffrey Sachs.
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¿Podemos aumentar nuestra felicidad nacional bruta?
Peter Singer
2011-09-13
PRINCETON – El pequeño reino de Bután, en el Himalaya, es conocido internacionalmente por dos cosas: unas tasas elevadas para la obtención de visados, que reducen la afluencia de turistas, y su política de fomento de la “felicidad nacional bruta”, en lugar del crecimiento económico. Las dos están relacionadas: más turistas podrían impulsar la economía, pero dañarían el medio ambiente y la cultura del país, por lo que a la larga reducirían su felicidad.
Cuando me enteré por primera vez del objetivo de Bután de aumentar al máximo la felicidad de su pueblo, no sabía si significaría de verdad algo en la práctica o si era simplemente otro lema político. El mes pasado, cuando estuve en su capital, Timbu, para intervenir en una conferencia sobre “el desarrollo económico y la felicidad”, organizada por el Primer Ministro Jigme Y. Thinley y copatrocinada por Jeffrey Sachs, director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia y Asesor Especial del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, me enteré de que es mucho más que un lema.
Nunca había estado yo en una conferencia que un gobierno nacional se tomara tan en serio. Esperaba que Thinley la inaugurara con una bienvenida oficial y después regresase a su despacho. En cambio, su discurso fue un meditado examen de las cuestiones fundamentales que entraña la promoción de la felicidad como política nacional. Después permaneció en la conferencia durante los dos días y medio que duró e hizo contribuciones pertinentes a nuestros debates. En la mayoría de las sesiones, varios ministros del Gobierno estuvieron también presentes.
Desde tiempos antiguos, se ha considerado buena la felicidad. Los problemas surgen cuando intentamos definirla y calibrarla.
Una cuestión importante es la de si consideramos que la felicidad es el excedente de placer respecto del dolor experimentado en toda una vida o el grado de satisfacción con nuestra vida. Con el primer criterio se intenta sumar el número de momentos positivos que tienen las personas y después substraer los negativos. Si el resultado es substancialmente positivo, consideramos feliz la vida de la persona; si es negativo, la consideramos desdichada. Así, pues, para calibrar la felicidad definida de ese modo, tendríamos que tomar al azar momentos de la existencia de las personas e intentar averiguar si están experimentando estados mentales positivos o negativos.
Un segundo planteamiento es el de preguntar a las personas: “¿Está usted satisfecho de cómo ha sido su vida hasta ahora?” Si dicen que están satisfechos o muy satisfechos, son felices, no desdichados, pero la cuestión de cuál de esas formas de entender la felicidad refleja mejor lo que debemos promover plantea cuestiones de valor.
En las encuestas que utilizan el primer criterio, países como Nigeria, México, el Brasil y Puerto Rico obtienen buenos resultados, lo que indica que la respuesta puede tener más que ver con la cultura nacional que con indicadores de objetivos como salud, educación y nivel de vida. Cuando se adopta el segundo planteamiento, suelen ser los países más ricos, como Dinamarca o Suiza, los que ocupan los primeros puestos, pero no está claro si las respuestas de las personas a las preguntas de las encuestas en lenguas y culturas diferentes significan de verdad la misma cosa.
Podemos convenir en que nuestro objetivo debería ser el de promover la felicidad, en lugar de los ingresos o el producto interior bruto, pero, si no tenemos un método objetivo de calibrar la felicidad, ¿tiene sentido? Es famosa la afirmación de John Maynard Keynes: “Prefiero tener vagamente razón que estar equivocado con precisión”. Señaló que, cuando las ideas aparecen por primera vez en el mundo, lo más probable es que sean imprecisas y haga falta una mayor labor para definirlas con precisión. Puede que así suceda con la idea de felicidad como objetivo de la política nacional.
¿Podemos aprender a calibrar la felicidad? El Centro de Estudios del Bután, creado por el Gobierno del Bután hace doce años, está elaborando actualmente los resultados de las entrevistas con más de 8.000 butaneses. En dichas entrevistas se registraron tanto factores subjetivos, como, por ejemplo, hasta qué punto están satisfechos los entrevistados con su vida, y factores objetivos, como, por ejemplo, el nivel de vida, la salud y la educación, además de la participación en la cultura, la vitalidad de la comunidad, la salud ecológica y el equilibrio entre el trabajo y otras actividades. Está por ver si los diversos factores se correlacionan bien. Intentar reducirlos a un número requerirá juicios de valor difíciles.
Bután tiene una Comisión de la Felicidad Nacional Bruta, presidida por el Primer Ministro, que examina todas las nuevas propuestas presentadas por los ministerios del Gobierno. Si se llega a la conclusión de que una política es contraria al objetivo de promover la felicidad nacional bruta, se la devuelve al ministerio para que la revise. Sin la aprobación de la Comisión, no puede seguir adelante.
Una ley polémica que sí que siguió adelante recientemente –y que indica lo dispuesto que está el Gobierno a adoptar medidas severas que aumentarán, a su juicio, la felicidad general– fue la prohibición de la venta de tabaco. Los butaneses pueden introducir en el país pequeñas cantidades de cigarrillos de tabaco desde la India para su propio consumo, pero no para revenderlo y, siempre que fumen en público, deben llevar consigo el recibo del impuesto de importación.
El pasado mes de julio, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, sin oposición, una resolución patrocinada por Bután en la que se reconocía la búsqueda de la felicidad como un objetivo humano fundamental y se tomaba nota de que dicho objetivo no se reflejaba en el PIB. La resolución pedía a los Estados Miembros que adoptaran medidas suplementarias que reflejasen mejor el objetivo de la felicidad. La Asamblea General acogió también con beneplácito el ofrecimiento de Bután de convocar un coloquio sobre el tema de la felicidad y el bienestar en su sexagésimo sexto período de sesiones, que comienza este mes.
Esos debates forman parte de un movimiento internacional en aumento encaminado a reorientar las políticas gubernamentales hacia el bienestar y la felicidad. Debemos desearle éxito y esperar que en última instancia el objetivo llegue a ser el de la felicidad mundial, en lugar de la meramente nacional.

Peter Singer es profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y profesor laureado en la Universidad de Melbourne. Entre sus libros, figuran Practical Ethics (“Ética práctica”), The Expanding Circle (“El circulo en expansión”) y The Life You Can Save (“La vida que podéis salvar”).

miércoles, 7 de septiembre de 2011

LA FELICIDAD NACIONAL BRUTA


Un reciente artículo de Jeffrey D. Sachs publicado en Project Syndicate, menciona un tema interesante que sobre pasa al clásico concepto de Desarrollo Humano: La propuesta de perseguir a la "Felicidad Nacional Bruta" (FNB - Gross National Happiness).

Este es un término que desde hace 40 años en el reino de Bután en los Himalayas se está tratando de lograr.

En ese sentido, es muy interesante lo que ha escrito J. Sachs sobre el tema. Aqui se reproduce:

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La economía de la felicidad
Jeffrey D. Sachs

NUEVA YORK – Vivimos en una época de vértigo. A pesar de la riqueza total sin precedentes del mundo, existe una gran inseguridad, un gran malestar y una gran insatisfacción. En Estados Unidos, una amplia mayoría de los norteamericanos cree que el país está "en el camino equivocado". El pesimismo se disparó. Lo mismo es válido en muchos otros lugares.
Frente a este contexto, llegó la hora de volver a considerar los motivos básicos de felicidad en nuestra vida económica. La búsqueda implacable de un mayor ingreso está conduciendo a una desigualdad y a una ansiedad sin precedentes, y no a una mayor felicidad y satisfacción en la vida. El progreso económico es importante y puede mejorar marcadamente la calidad de vida, pero sólo si es un objetivo que se persigue junto con otros.
En este sentido, el reino de Bután en el Himalaya viene liderando el camino. Hace cuarenta años, el joven y flamante cuarto rey de Bután hizo una elección notable: Bután debía perseguir la "felicidad nacional bruta" (FNB) en lugar del producto interno bruto. Desde entonces, el país ha experimentado una estrategia alternativa y holística para el desarrollo que hace hincapié no sólo en el crecimiento económico, sino también en la cultura, la salud mental, la compasión y la comunidad.
Decenas de expertos recientemente se reunieron en la capital de Bután, Thimphu, para analizar la experiencia del país. Fui uno de los anfitriones junto con el primer ministro de Bután, Jigme Thinley, un líder en materia de desarrollo sustentable y un gran defensor del concepto de FNB. Nos reunimos tras una declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas del mes de julio que instó a los países a examinar de qué manera las políticas nacionales pueden promover la felicidad en sus sociedades.
Todos los que nos reunimos en Thimphu coincidimos en la importancia de buscar la felicidad en lugar del ingreso nacional. La cuestión que analizamos es cómo alcanzar la felicidad en un mundo que se caracteriza por la rápida urbanización, los medios masivos, el capitalismo global y la degradación ambiental. ¿De qué manera nuestra vida económica se puede reordenar para recrear una sensación de comunidad, confianza y sustentabilidad ambiental?
He aquí algunas de las conclusiones iniciales. Primero, no deberíamos denigrar el valor del progreso económico. Cuando la gente tiene hambre, carece de las necesidades básicas como agua potable, atención médica y educación, y no tiene un empleo digno, sufre. El desarrollo económico que alivia la pobreza es un paso vital para fomentar la felicidad.
Segundo, la búsqueda incesante del PIB sin tener en cuenta otros objetivos tampoco conduce a la felicidad. En Estados Unidos, el PIB aumentó marcadamente en los últimos 40 años; no así la felicidad. Por el contrario, la búsqueda inquebrantable del PIB llevó a grandes desigualdades en materia de riqueza y poder, alimentó el crecimiento de una vasta subclase, sumergió a millones de niños en la pobreza y causó una seria degradación ambiental.
Tercero, la felicidad se logra a través de una estrategia equilibrada frente a la vida tanto de parte de los individuos como de las sociedades. Como individuos, no somos felices si se nos niegan nuestras necesidades elementales, pero tampoco somos felices si la búsqueda de mayores ingresos remplaza nuestra dedicación a la familia, los amigos, la comunidad, la compasión y el equilibrio interno. Como sociedad, una cosa es organizar las políticas económicas para que los niveles de vida aumenten, y otra muy distinta es subordinar todos los valores de la sociedad a la búsqueda de ganancias.
Sin embargo, la política en Estados Unidos cada vez más permitió que las ganancias corporativas dominaran todas las demás aspiraciones: imparcialidad, justicia, confianza, salud física y mental y sustentabilidad ambiental. Los aportes corporativos a la campaña cada vez socavan más el proceso democrático, con la bendición de la Corte Suprema de Estados Unidos.
Cuarto, el capitalismo global plantea muchas amenazas directas a la felicidad. Está destruyendo el medio ambiente natural a través del cambio climático y otros tipos de contaminación, mientras que una corriente implacable de propaganda de la industria petrolera hace que mucha gente desconozca esta situación. Está debilitando la confianza social y la estabilidad mental, mientras que la prevalencia de la depresión clínica aparentemente está en aumento. Los medios masivos se han convertido en lugares desde donde transmitir los "mensajes" corporativos, muchos de ellos manifiestamente en contra de la ciencia, y los norteamericanos padecen un creciente rango de adicciones de consumo.
Consideremos de qué manera la industria de la comida rápida utiliza aceites, grasas, azúcar y otros ingredientes adictivos para crear una dependencia poco saludable de alimentos que contribuyen a la obesidad. Un tercio de los norteamericanos hoy son obesos. En definitiva, el resto del mundo seguirá sus pasos a menos que los países restrinjan las prácticas corporativas peligrosas, entre ellas la publicidad de alimentos adictivos y poco saludables para los jóvenes.
El problema no es sólo la comida. La publicidad masiva contribuye a muchas otras adicciones de consumo que implican grandes costos para la salud pública, entre ellas un tiempo excesivo frente al televisor, apuestas, consumo de drogas, tabaquismo y alcoholismo.
Quinto, para promover la felicidad, debemos identificar los muchos factores más allá del PIB que pueden aumentar o reducir el bienestar de la sociedad. La mayoría de los países invierten para medir el PIB, pero gastan muy poco para identificar las causas de la mala salud (como la comida rápida y el tiempo excesivo frente al televisor), la caída de la confianza social y la degradación ambiental. Una vez que entendamos estos factores, podremos actuar.
La búsqueda demencial de ganancias corporativas nos está amenazando a todos. Sin duda, deberíamos respaldar el crecimiento económico y el desarrollo, pero sólo en un contexto más amplio que promueva la sustentabilidad ambiental y los valores de la compasión y la honestidad que se necesitan para generar confianza social. La búsqueda de la felicidad no debería estar confinada al bello reino montañoso de Bután.
Jeffrey D. Sachs es profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia. También es asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio.